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De tantas veces que me he roto ya no me veo. 
Perdí tantas noches en vela para a lo lejos, 
ver pasar los días con ojos flojos. 
Busco en tu cuello algún indicio, algún perfume con sabor a vicio,
para saber que el juicio ha llegado a su fin. 

Me muevo como al ritmo de ballet, no estoy en un cabaret, pero cabalgaré.
Soy un mito, para probarme necesitas requisitos. 
Te voy a hacer mi discípulo, y fin del capítulo. 
Yo soy museo, arte callejero. 
Os presento mi cuento, arte moderno, yo les represento mientras les miento. 
Me masturbo con tu culpa. La mentira no se retira. Habla la herida cuando respira, así que mírame.
Y sé que llegarás más alto todavía, pero espabila porque lo espero ya. 
Me muero del ansia, 
Estoy tan perdida...
¿Y si no quiero? De lejos me noto distante, ausente a veces, que casi lloro. 
Si me gusta estar abajo es por la zona de confort, ya no me aventuro solo me abstraigo en mi caos.
Por eso ahora fluyo un poco rota. No quiero ser prosa para ese verso idiota.
No me conocía pero me decía Mía. 
Mientras yo dormía, él me decía Mía.
Sólo Mía fue la ilusión. 
Escribo otro renglón para saciar el dolor. 
El folio escupe, saliva de mi boca que es el lápiz. 
A veces entro en trance cuando estoy en el cruce, 
escucho aullidos ensordecedores. 
Mis ojos lloran en tu vientre, 
rápido ven, escóndete, que no te vean mis ápices. 

De dolor, aguanta más la presión.
Me sostengo en el aire dictando sentencia.
De mis dedos ásperos salen páginas enteras, gastando cuadernos, fumando en los aposentos.
Para olvidarme de ti. 
Difícil era creerme fiel, 
pero te demostré lo que no pudo ser. 
Ahora estoy en el suelo, 
llorando a cal y canto, 
mirando las paredes, tatuándome tus ojos. 
Tres lunares, como heridas, adornando tu carita.
Tres lunares como espinas que se clavan en mi pecho.
No me conocía pero me decía Mía. 
Mientras dormía, él me decía Mía. 
tuyas eran todas ellas,  
saciándote heridas, 
tú las acogías, 
yo me liberé. 
No me conociste, una suerte.
No supiste atacar lo peor de mi. 
Al final no era tuya, si no siempre Mía. 
Siempre Mía.

{Él me decía Mía.
Sólo Mía fue la ilusión.}

 

                                                -de A.

 

 

 

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